Cuánto cobrar por extensión de pestañas
El precio de una extensión de pestañas no sale de copiar a la de al lado: sale de tu hora de camilla. La cuenta base es precio menos materiales, dividido por las horas que te bloquea el servicio. Con eso comparás técnicas entre sí y casi siempre aparece la misma sorpresa: el volumen ruso, que es el servicio más caro del menú, suele rendir menos por hora que un lifting, porque lleva el triple de tiempo y no se cobra el triple. Las dos decisiones que más mueven el ingreso mensual son la relación entre el precio de la colocación y el del retoque —el retoque suele ir entre el 50% y el 60% de la colocación— y subir el precio cuando bajás el tiempo de trabajo, porque cada minuto que ganás de velocidad es plata que ya estás produciendo.
Casi todo el mundo arma su lista de precios de la misma manera: mira lo que cobran dos o tres colegas de la zona, se pone un poco abajo para no espantar, y listo.
El problema de ese método es que estás copiando el precio de alguien cuya estructura de costos no conocés, que puede tardar la mitad o el doble que vos en el mismo trabajo.
La cuenta que va primero
Antes de pensar en cuánto cobrar, hay que saber cuánto te queda por hora de camilla:
(precio − materiales) ÷ horas que te bloquea
Esa cuenta la desarrollamos en detalle en cuánto te deja cada servicio. Acá vamos directo a lo que pasa cuando se la aplicás a un menú de pestañas, que es donde aparece algo incómodo.
La sorpresa: el servicio más caro rinde menos
Tomá tres servicios de tu menú y hacé la cuenta con tus números. Casi siempre da algo parecido a esto:
| Servicio | Tiempo | Precio de ejemplo | Materiales | Por hora |
|---|---|---|---|---|
| Lifting + tinte | 75 min | $ 25.000 | $ 2.500 | $ 18.000 |
| Extensión clásica | 120 min | $ 40.000 | $ 5.000 | $ 17.500 |
| Volumen ruso | 180 min | $ 55.000 | $ 8.000 | $ 15.700 |
Los precios son de ejemplo: poné los tuyos, que la conclusión no cambia tanto como parece.
El volumen ruso es el servicio más caro del menú y el que peor te rinde por hora. Pasa porque lleva el triple de tiempo que un lifting y no se cobra el triple: el precio sube, pero no en proporción al tiempo.
Eso no significa que haya que sacarlo del menú. Significa dos cosas:
- Si tenés la agenda llena, cada hora que le das al ruso es una hora que le sacás a algo que rinde más. Ahí el precio del ruso tiene que subir o el servicio deja de tener sentido.
- Si tenés huecos, el ruso te llena tres horas que si no quedaban vacías. Ahí rinde perfecto, aunque la tabla diga otra cosa.
La cuenta no decide sola: te dice dónde estás parada.
La decisión que más mueve el mes: colocación contra retoque
En un lash studio el retoque no es un servicio secundario, es el que sostiene el ingreso. Una clienta fiel te deja muchos más retoques que colocaciones en el año.
Por eso la relación entre los dos precios importa más que el precio de cada uno. La referencia del rubro es que el retoque salga entre el 50% y el 60% de la colocación, y conviene entender los dos errores:
Retoque muy barato. Es el error más común, por miedo a que la clienta no vuelva. El resultado es que trabajás 90 minutos por una fracción de lo que cobrás por 120, y tu servicio más frecuente es el que peor te paga. Hacé la cuenta por hora del retoque: si te da bastante menos que la colocación, ahí tenés plata sobre la mesa.
Retoque muy caro. Si está muy cerca del precio de la colocación, la clienta hace la cuenta y prefiere dejar caer todo y empezar de cero. Perdiste la recurrencia, que era el negocio.
Cuándo subir el precio
Hay un momento que casi nadie aprovecha, y es cuando bajás el tiempo.
Una colocación que al principio te llevaba tres horas, después de un año te lleva dos. Si el precio quedó igual, tu hora de camilla subió sola: pasaste a producir lo mismo en menos tiempo. Eso está bien, y es la ganancia legítima de haberte hecho buena.
Pero es también el momento en que se puede corregir un precio que había quedado bajo, porque ahora cada hora vale más y hay una razón concreta para revisarlo: entrás más clientas en el mismo día.
La otra señal es más simple: si tenés lista de espera de dos semanas, el precio está por debajo de lo que el mercado te paga.
Poné el precio junto con la duración, no aparte
Un detalle práctico que evita la mitad de los problemas: cuando cargues los servicios en tu agenda, cargá el precio y la duración real al mismo tiempo.
Suena obvio y casi nadie lo hace. Lo habitual es tener los precios en una historia de Instagram y las duraciones en la cabeza. Y mientras las duraciones estén solo en tu cabeza, la cuenta por hora no la vas a poder hacer nunca, porque te falta la mitad de los datos.
En MinuLink cada servicio lleva su precio y su duración, y los reportes te muestran el ticket promedio y el ranking de servicios más pedidos. Un aviso honesto: el reporte no te calcula el rendimiento por hora, porque el sistema no conoce lo que te cuestan los materiales. Esa cuenta la tenés que hacer vos; lo que sí te da es el tiempo real que ocupó cada servicio, que es el dato que suele faltar.
En resumen
- El precio sale de tu hora de camilla, no de lo que cobra la de al lado.
- Hacé la cuenta
(precio − materiales) ÷ horaspara cada técnica y compará entre ellas. - El volumen ruso suele rendir menos por hora que un lifting: subilo si tenés la agenda llena, dejalo si tenés huecos.
- El retoque entre el 50% y el 60% de la colocación. Muy barato te castiga el servicio más frecuente; muy caro te mata la recurrencia.
- Cuando bajás el tiempo de trabajo, revisá el precio: es el momento en que tenés el mejor argumento.